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InfoFAE (federación de asociaciones empresariales)artículo Septiembre2009La cifra de productores de cultivos ecológicos se triplica en ocho años Poco
a poco la agricultura ecológica se va convirtiendo en la salida que ven
muchos labradores y ganaderos de la provincia para ganarse la vida. Más
allá de los beneficios que los productos denominados ecológicos puedan
tener sobre los ciudadanos, se trata de una oportunidad de negocio.
Sobre todo para profesionales del campo que quieren vivir de él, pero
no pueden adquirir las suficientes hectáreas para que una explotación
sea rentable. La agricultura ecológica aporta al producto un valor añadido que demandan cada vez más consumidores. Y es ahí donde ven el futuro no pocos campesinos. Cada vez más. En el año 2001 había en la provincia de Burgos tan solo 19 productores inscritos en el Consejo de Agricultura Ecológica de Castilla y León, que es el que certifica que las explotaciones cumplen los requisitos de un cultivo ecológico. En la actualidad ya son 52, casi el triple. En el mismo periodo, la superficie dedicada a este tipo de agricultura ha pasado de las 679 hectáreas de 2001 a 3.194 de 2007. En 2008, último año del que hay datos oficiales, la cifra bajó a 1.476. Pero desde el Consejo explican que lo realmente importante es la evolución de los productores, «ya que hay años en el que coinciden varias explotaciones en barbecho y, con ello, bajan las cifras». La agricultura ecológica, o sus sinónimos orgánica o biológica, es un sistema para cultivar una explotación agrícola autónoma basada en la utilización óptima de los recursos naturales, sin emplear productos químicos de síntesis, u organismos genéticamente modificados (OGMs) -ni para abono ni para combatir las plagas-, logrando de esta forma obtener alimentos orgánicos a la vez que se conserva la fertilidad de la tierra y se respeta el medio ambiente. Los cereales y los pastos son los que ocupan una mayor superficie de terreno dedicado a la agricultura ecológica. Estos cultivos tienen «una gran salida» porque son muy demandados por «los productores de carne ecológica del norte de España», explica Jesús Manuel González Palacín, coordinador de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL). Los ganaderos, para poder vender tanto la leche como la carne o los embutidos ecológicos «han de acreditar que los animales se alimentan con forraje o piensos elaborados exclusivamente con productos ecológicos». La vid, para la elaboración de vinos, las verduras y las hortalizas, las frutas y las leguminosas también son cultivadas de forma ecológica, aunque la superficie que ocupan es muy inferior a la de forrajes y cereales. La rentabilidad de la agricultura ecológica está en el precio que puede fijar el campesino, más alto que en el caso de la agricultura convencional. «Si un kilo de patatas de una explotación normal lo están pagando a tres céntimos en el caso de la ecológica puedes llegar a venderlo a una media de 0,45 euros e incluso llegar a 0,75 si las cantidades no sean muy grandes», explica González Palacín. Y el consumidor final no paga por ellas «mucho más» que por la patata convencional. ¿Dónde está el truco entonces? En que la cadena de distribución que se pone en marcha tras recolectar el producto ecológico es mucho más corta. Normalmente, los productores ecológicos se organizan en cooperativas que contactan directamente con tiendas especializadas e incluso con asociaciones o cooperativas de consumidores. «De este modo se teje una red en la que el único gasto intermedio al que tiene que hacer frente el consumidor es al del transporte», indica este agricultor de Melgar de Fernamental. En Burgos funciona desde hace cinco años de manera oficial la asociación ‘La despensa biológica', que reúne a 100 socios de la capital y la provincia que, pagando una pequeña cuota al mes, pueden comprar todo tipo de producto ecológico que llega hasta la tienda-almacén de la calle Pozanos. En la capital, en la calle Rey Don Pedro, 46, abrió en abril ‘Masala', una tienda que se dedica exclusivamente a la venta de producto ecológico. CAMBIO DE MENTALIDAD. González Palacín, por ejemplo, trabaja 45 hectáreas, todas dedicadas a cultivo ecológico. Las heredó de su padre. Hasta hace 12 años intentó trabajarlas al modo convencional, es decir, con la utilización de abonos y fertilizantes de síntesis, como siguen haciendo la mayoría de los agricultores. Pero se dio cuenta de que no sacaba el rendimiento suficiente para vivir de ellas. «Si quería vivir de la agricultura tenía que hacerme con muchas más tierras y no podía», explica. La agricultura ecológica fue la salida. «Poder vender a un precio superior permite dedicarte a esto en exclusiva», señala este agricultor. Ahora bien, «hay que trabajar el doble y la producción es menor, casi la mitad». El hecho de no utilizar herbicidas obliga al agricultor a realizar muchos trabajos de limpieza de la tierra. Y al no usar ni abonos ni fertilizantes, la cantidad de patatas, hortalizas o girasol recolectado «no puede ser el mismo». Con todo, al final compensa. Y se trata de productos que cada vez tienen más aceptación entre los ciudadanos. González Palacín señala la importancia de diferenciar entre ecológico y ecologista. «Mucha gente plantea reservas a este tipo de cultivos porque vinculan directamente este tipo de agricultura con los ecologistas, y no tiene nada que ver», dice. Es cierto que «trabajar sin fertilizantes y herbicidas contribuye a la conservación del medio ambiente, pero el objetivo del cultivo ecológico es ofrecer al consumidor un producto sano y que tenga el sabor de los tomates o las patatas que comían nuestros abuelos», añade. Un ejemplo: las patatas ecológicas tiene un 40% menos de agua que las convencionales, «con lo que ganan en consistencia y alimento». Los agricultores ecológicos, además, están recuperando especies autóctonas de todo tipo: tomates, pimientos, etc, que ya apenas se cultivaban por culpa de la irrupción de especies «más productivas». «Y estamos descubriendo sabores que nunca antes habíamos captado», observa. Para ser agricultor ecológico es necesario inscribirse en el Consejo de Agricultura Ecológica de Castilla y León (Caecyl). Para obtener el certificado sobre algún cultivo deben transcurrir tres años desde que se planta por primera vez y se trabajada a la manera ‘biológica'. Después, el consejo realiza inspecciones periódicas de campo en la que sus técnicos toman muestras del terreno con el fin de «acreditar» que no se están utilizando productos químicos de ningún tipo. |